Ana Volonté

La expedición dorada

Texto encargado por la Galería Remota para la exhibición individual de Mar Pérez.

(2024)

(…)

Su trabajo a través de más de veinte años de producción aparece y desaparece manifestándose en diferentes lenguajes como el cine, la música, el teatro, la pintura. Esa emergencia experimental y manifiesta en saltos tiene un hilván que construye un relato intermitente a través de las supervivencias en su propia obra: Grandes planos de color, invensión de paletas, pequeños rincones de delicada figuración. La expedición dorada desarma un poco el género paisaje velando la representación de la naturaleza con capas y capas de paisaje psíquico. 

Esta nueva aparición de Mar Perez deja que se ilumine una posibilidad instantánea y liminal de la pintura académica o folclórica, como si las enciclopedias aprendidas en el plagio de las fotocopias, hubieran permitido una apropiación parcial de las referencias oficiales de la pintura para reciclarlas en un anclaje local que les pierde el respeto y las usa para retratar los amores que indican fugazmente los hitos de su propia historia.

El color no es estrategia sino contenido, una paleta de sincretismos donde los códigos simbólicos se ponen en crisis, los santitos se mixean, los arcanos se desarman, pegan la vuelta, se insisten, desordenan el mazo, hacen lugar a las diosas y sus dobleces sacudiéndose los manuales de interpretación. El dorado protagoniza este movimiento oscilante y favorito entre lo solemne y lo cursi. Su complicidad con lo más técnico de la pintura, capas y capas de veladuras son tiempo y láminas de óleo que en el secado ocultan o hacen aparecer. La paleta es un desvío. ¡Cras, cras, cras! Un montículo que entierra y desentierra con marrón y metal piso, cielo, caras, cartas, cerro, perro. 

(…)

Link al texto completo

Scroll al inicio